La gracia que no quiso darme el cielo

 Siempre me he quejado de que la amistad es esa gracia que no quiso darme el cielo.  Mi madre siempre me decía que yo esperaba mucho de la gente, y me daba en exceso. No lo sé, porque ya hace bastante que espero poco de este"campo" de la vida, intento no aferrarme a las personas que voy conociendo, ya sea en el trabajo o en otros ámbitos, porque entiendo que son pasajeras y que se posan en mi vida solo unos segundos para luego volar y dejarme con la nostalgia de haberlos conocido. En algún momento decidí que mi ancla sería mi pareja y mi familia, y soy consciente de las connotaciones que tiene esa palabra "ancla", positivas y muchas negativas, y también de la oposición entre "ancla" y mi visión del resto de las personas como libélulas o mariposas. 

En cualquier caso, sé que esto no ha sido completamente así. Puedo identificar dos momentos de mi vida en los que yo intenté hacer tabla rasa, borrar mis contactos y empezar de cero. Una vez fue al terminar el instituto y otra vez más o menos cuando me casé. En el primer caso fue porque yo sentía que las amistades del instituto no me correspondían, me sentía como mendigo o pedigüeña, esperando que me miraran, que decidieran dedicarme su tiempo y su atención. Sentía que todos tenían otros amigos más interesantes o más cómodos de mantener, por cercanía a su casa o por costumbre, y también que estaban haciendo nuevas amistades en sus facultades que les resultaban más convenientes que yo.  En algún momento tomé la determinación de volcarme yo también en crear nuevas redes y pasar de esperar de ellos, aunque si en algún momento decidieron volverse a ver yo nunca me negué, pero no tomé muchas más iniciativas, al menos que yo recuerde.

Después de terminar la carrera, pasé un año en Estados Unidos y, al volver, nuevamente me encontré muy descolocada.  Sufrí un gran revés amoroso que me dejó a las puertas de una depresión, o tal vez fue enfrentarme al vacío de la angustia vital.  Pasé una época muy negra en la que no encontraba a qué agarrarme. Las escasas amistades que me quedaban después de la carrera no eran las que yo hubiera elegido, pues esas habían volado a otros escenarios, para mí mucho más atractivos y glamourosos, o estaban iniciando nuevas vidas, trabajando, casándose, etc. De una u otra forma, aquellas amigas eran lo único que me quedaba y me "conformé"y decidí cultivarlas, y gracias a eso conocí al que hoy es mi marido, que ha sido y es mi apoyo más firme desde entonces. 

Empezar una nueva vida, una relación intensa y en la distancia, crear un hogar, conseguir un trabajo estable y, pocos años más tarde, crear una familia numerosa...todo eso hizo que durante algún tiempo me distanciara de esas amigas, pero no demasiado, y al cabo de unos pocos años nos hemos vuelto a unir, ahora más que nunca gracias a las redes sociales. Son las amigas que tengo ahora y a las que quiero mucho, aprecio en cada una todo lo bueno que hay, que es infinito, sabiendo también que tienen sus lados oscuros, sus egoismos y mezquindades. Pero eso también lo tengo yo. 

Está claro que el concepto de ancla para mí ha sido mucho más beneficioso que el contemplar las mariposas.

No obstante, siendo completamente sincera, me encantaría haber tenido amistades más profundas y más cerca de mi alma. Y siendo completamente sincera, tengo que reconocer que me duele mucho haber perdido una de esas amigas, no sé muy bien por qué lo hice, bueno, ahora sí empiezo a entenderlo. Pero es tan complicado y retorcido que no sé ni por dónde empezar a desenredar la madeja. Pero es necesario.

Ana fue mi otro yo el tiempo que estuve en Estados Unidos.  Es una persona extraordinariamente extrovertida y amigable, y sin embargo, también disfruta mucho de la instrospección y de todas las cosas que a mí me gustan, como la lectura, escribir, viajar, cocinar, etc. Es de Madrid, y eso para mí es un plus que envidio mucho, porque yo soy madrileña de corazón, me hubiera encantado vivir allí al menos unos años. Es una ciudad en la que yo me siento cómoda, acogida y libre. Ana la ha disfrutado y sigue disfrutándola, vivió la época final de la Movida, tuvo sus momentos locos. Cuando estábamos en USA no paraba de hablar de sus amigos en Madrid, tenía cientos, a todos los adoraba y de todos podía sacar una historia. También envidiaba eso, no de mala manera, pero esa es la persona que yo habría querido ser: alguien viviendo en una ciudad infinita con cientos de amigas y libertad, sin tanta presión familiar (es lo que tiene ser la menor de 5 hermanos), sin ser continuamente juzgada pero siempre aplaudida, apreciada y reída.Que no habrá sido así, esa es mi percepción. 

Durante aquel año estuvimos muy unidas, y a la vuelta seguimos unos años en contacto, ella incluso vino a mi boda y a mí me hubiera encantado ir a la suya, pero entonces yo ya me había casado, y lo estaba pasando muy mal en aquellos momentos, porque justo recién casada me mandaron un año a cubrir una vacante al quinto pino y lo llevé bastante mal. Quizás esta fue otra etapa oscura de mi vida que tendré que mirar otro día. En cualquier caso, yo dejé de contestar a sus cartas e incluso una vez que me llamó por teléfono le contesté como sin ganas, y creo que le tuve que hacer sentir mal, como muy pesada o algo así.  Esto sería en el verano del año 2000, justo acababa de aprobar las oposiciones, lo recuerdo porque ella me lo preguntó. Me sentí mal por tenerle que decir que sí las había aprobado, porque sé que ella no lo había conseguido y se sentía mal por eso. No sé, fue una situación rara. Yo entonces me sentía culpable por todo y me costaba disfrutar de lo que iba consiguiendo por eso mismo, porque me agobiaba sentir que los demás no tenían mi suerte, qué sé yo.

Total. Perdimos el contacto, y sé que fue mi culpa, a mí no me gusta hablar por teléfono, y en aquel momento no me apetecía escribir cartas, pero no recuerdo por qué. Tal vez mi vida no me parecía relevante ni interesante, nada estaba saliendo como yo habría soñado y no me apetecería escribir de problemas, o tampoco querría abrumarla...por un lado me sentía fracasada, y por otro demasiado afortunada, como si mi buena suerte al aprobar las oposiciones o quedarme embarazada fuera una ofensa para la otra persona. Recuerdo que conscientemente me quise borrar de la vida de toda la gente que había conocido y empezar de cero, pero esto no tenía sentido ni tampoco podía ser. Fue raro.

En cualquier caso, pasaron los años, tuve a los niños, y, cuando Rafalito tenía 1 año o así irrumpió Facebook.  A través de Facebook volví a contactar con muchas personas que creía perdidas, como amigas de la infancia o de la adolescencia.  Intenté localizar a Ana por allí y luego por Instagram, pero no la localizaba. Hasta hoy.  Hace unos días lancé un mensaje en una botella y ella lo recogió. Sabía que le haría ilusión y me contestaría en cuanto viera el mensaje, ha tardado unos días, pero hoy lo ha hecho. Regalo de cumpleaños atrasado. Quiero tener una amiga como ella, alguien que comparta mi sensibilidad y mi gusto por los libros y la escritura de una forma pausada y amateur.

Comentarios

Entradas populares de este blog

My first fifty. Mis primeros cincuenta años